Joseph y el ángel

Todos los granjeros en cincuenta millas a la redonda sabían de las habilidades del chico de los Smith. Las vecinas del pueblo, que le habían comprado tartas y cerveza cuando era pequeño, contaban a quien quisiera escucharlas que con la ayuda de sus maravillosas piedras podía adivinar el escondrijo de cualquier cosa. Joseph intuía la escurridiza presencia de cofres de oro ocultos bajo tierra o de antiguas minas de plata explotadas por españoles; incluso le habían visto presentir el minúsculo rastro dejado por un mondadientes extraviado entre la paja del suelo. Una cuadrilla excavó por todo el condado, pero su entusiasmo pronto disminuyó en proporción directa al volumen de tierra desplazada. Parecía que los poderes de Joseph no bastaban para dar el paso final. Siempre había un hechizo demasiado poderoso que ocultaba el lugar exacto del tesoro o éste se negaba a manifestarse por no haber sabido tener la boca cerrada. A pesar de estas señales, nadie supuso que aquel chico de diecisiete años iba a ser el elegido…
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La melancólica Biblioteca Brautigan

Existe una curiosa raza de perdedores natos que acaricia el éxito al menos una vez en la vida. Algunos incluso saltan de triunfo a triunfo, ignorantes de su auténtica naturaleza. Richard Brautigan formaba parte de aquella misteriosa hermandad de aparentes vencedores que intuyen oscuramente que pertenecen al fracaso. Escribió La pesca de la trucha en América, la bomba literaria más prometedora de 1967. Sus tres millones de ejemplares señalaron la cima en la vida de una joven promesa, y al mismo tiempo, el comienzo de un perseverante descenso hacia la nada en su carrera como maduro hombre de letras. Los siguientes doce años perdió lectores, respeto y reputación con una constancia admirable, hasta que hubo de afrontar lo que siempre había sospechado. Su tiempo había pasado. La revelación le sobrevino en su vieja casa de la playa, en la sala de estar, frente a un gran ventanal que permitía asomarse al Pacífico en las tardes de buen tiempo. Un disparo en la cabeza con su Magnum calibre 44 no bastó para detener la mala racha…
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