23/02/10 01:49
El pasado mes de diciembre murió Kim Peek víctima de un ataque al corazón. Se fue como vivió, de puntillas y en silencio. Tan tímido era que no se atrevió a mirar a nadie a la cara hasta bien cumplidos los treinta y ocho años. Sorprende, en cambio, la discreción con la que los medios de comunicación han acogido la noticia. Los hombres no siempre tenemos el privilegio de asistir a un prodigio.
Cuando nació, los médicos reservaron sus peores augurios para los padres de Kim: su enorme cabeza y una deformidad en el encéfalo presagiaban una larga vida de dolor. Pero aquel niño prosperó y a los deiciséis meses ya devoraba cada libro que ponían ante sus ojos. Bastaba con que le hicieran seguir con el dedo índice las palabras y el contenido pasaba a formar parte de su persona, como el color de sus ojos o el timbre de su voz. Esta educación elemental fue suficiente para que memorizara todas las obras de Shakespeare y el Viejo y el Nuevo Testamento…
Lee más...Tags: Kim Peek, Idiot savant
16/02/10 23:59
Volos es como tantas otras. Ni muy grande, ni muy pequeña. Una vía de tren la recorre hasta el puerto como una antigua cicatriz. Polígonos industriales en las afueras. Casas y más casas en el centro, todas nuevas y de parecida altura. Nada distingue a Volos de otras ciudades incoloras, inodoras e insípidas, pero no siempre fue así. La ciudad muere de golpe al Este, como si las calles quedaran sin resuello al trepar por la ladera. Es el comienzo del monte Pelión. A la sombra de sus pinos –idénticos a los de ahora, pues a diferencia de los hombres los árboles no cambian–, se peinaban las ninfas y en una de sus cuevas vivió Quirón, el centauro que educó a Aquiles y a Teseo. Allí manaba el Anauro, apenas un arroyo que alimentaba la ciudad que crecía a sus pies. Porque has de saber que la previsible Volos fue antes Yolco, y por sus calles de tierra caminaron hombres desnudos y hombres vestidos de bronce…
Lee más...Tags: Jasón, Medea, Asesinatos literarios
05/02/10 21:40
Un mar de cabezas enlutadas festoneaba los Campos Elíseos el uno de junio de 1885. Hasta el Arco de Triunfo lucía extraño, cubierto de tela negra y con crespones que ondeaban con la brisa allá en lo alto. Cuarenta mil agradecidos lectores hicieron noche en la calle para hacerse con un buen sitio y poder quitarse el sombrero al paso de de la carroza fúnebre que transportaba el cuerpo de Victor Hugo al Panteón. Hoy en día puede parecer difícil de creer, sin televisión, ni radio, ni internet, pero más de dos millones de personas se agolparon en las calles, pese a los chaparrones ocasionales y al viento que presagiaba más lluvia, para rendir honores al autor de
Los miserables. Nunca volverá a haber una conmoción semejante por la muerte de un escritor.
Tenemos la fortuna de ser contemporáneos de otros tres escritores inmensamente famosos, amigo lector…
Lee más...