El misterio de la biblioteca menguante


El monasterio de Santa Odilia es muy antiguo. Construido en lo más alto de un risco, sus muros se arriman a un precipicio con esa tranquilidad de espíritu que da el saberse desde siempre del bando vencedor. Los años han sentado bien al edificio, que alberga un buen restaurante y un hotel que atrae a turistas de toda Alsacia. Si un monasterio es un lugar retirado, la biblioteca de un monasterio lo es aún más. Es, pues, lógico suponer que la biblioteca de un monasterio durante la noche sea el lugar más solitario de la Tierra. El padre Dosnius compartía la misma opinión y por eso frunció el ceño cuando vio cómo un pequeño agujero atravesaba de parte a parte la puerta que guardaba la entrada a la biblioteca. Se agachó, miró a través del orificio, hizo girar su dedo meñique en el diminuto hueco que se abría paso en la madera, y mandó cambiar la cerradura. Apenas llevaba un mes como abad y nada sospechaba, pero su celo profesional detuvo un tiempo el desarrollo de nuestra historia. Ignoraba que el año anterior alguien había sustraído dieciséis libros –entre ellos, dos valiosos incunables– de aquella sala…

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Eróstrato, incendiario


La ciudad de Éfeso, donde nació Eróstrato, se extendía en la desembocadura del Caistro, con sus dos puertos fluviales, hasta los muelles de Panormo, desde donde se veía, sobre el mar de abundantes colores, la línea brumosa de Samos. Rebosaba de oro y tejidos, de lanas y rosas, desde que los Magnesios, sus perros de guerra y sus esclavos que lanzaban jabalinas, habían sido vencidos en las orillas del Meandro, y desde que la magnífica Mileto fue arruinada por los persas. Era una ciudad relajada, donde se festejaba a las cortesanas en el templo de Afrodita Hetaira. Los efesios usaban túnicas amorginas, transparentes, telas de lino hilado en la rueca de color violeta, púrpura y azafrán, sarápides color amarillo manzana y blancas y rosas, paños de Egipto color jacinto, con los fulgores del fuego y los matices móviles del mar, y calasiris de Persia, de tejido apretado, ligero, todos ellos tachonados en su fondo escarlata de granos de oro en forma de copelas.

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