Una nota al margen

Toma, querido lector, una docena de huevos. Separa la mitad para freír una tortilla. Podrán faltar los huevos, el fogón o el cocinero, que la mitad de doce siempre resultará seis. Podemos imaginar más mundos. Algunos negros y fríos, tan viejos que ya nadie recuerda cuándo murió su última estrella. Otros con distintas leyes y diferentes ritmos, inestables y fugaces como pompas de jabón, pero concluir otro resultado es inconcebible. La misteriosa naturaleza de los números sugiere que son más auténticos que las montañas y las personas, que existen incluso fuera del tiempo y del espacio, más reales que la divinidad, cuyo íntimo ser se nos escapa por definición. No hay nada más evidente que un número. Paradójicamente, los números son innumerables. Algunos hombres se ven atraídos hacia ellos como las limaduras de hierro al imán y se ocupan en buscarles relaciones y parentescos, construyendo minuciosas genealogías en un intento de poner orden en la infinita familia…Lee más...
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