sep 2009
Islas soñadas
30/09/09 23:55

La primera isla pertenece a uno de esos enfermos profesionales que llegan a la edad adulta por misteriosas casualidades. Por suerte para nosotros, sufría de ciertas recaídas de buena salud que le permitían escribir. Catarro y una terca lluvia escocesa le obligaron a buscar refugio en una casita en Braemar, y él, un poco por aburrimiento y otro poco porque interiormente seguía siendo un muchacho al que le agradaba la compañía de iguales, se unió a su hijastro para compartir un caballete y una caja de acuarelas. Un día dibujó un mapa de una isla, así de fácil empezó todo. Pintó el islote del Esqueleto y la colina del Catalejo; imaginó un pantano y una cueva, marcó en rojo tres cruces. Cierta mañana de septiembre comenzó a escribir junto a un buen fuego El cocinero de a bordo, cuidando de cumplir la única condición del muchacho…Lee más...
El interminable diario de Robert Shields
22/09/09 09:22

El reverendo Robert Shields no hizo caso de esas señales cuando a los cincuenta y cuatro años inició el proyecto de su vida, escribir el diario de su monótona existencia. El aburrido reverendo se rebeló como un escritor ambicioso, quería un reflejo exacto de todo lo que hacía…Lee más...
Los entierros prematuros
15/09/09 23:23

De entre todos los libros que Lovecraft y compañía soñaron –el Libro de Eibon, los Manuscritos Pnakóticos, el Cultes des Goules, y tantos otros–, sobresale este pequeño volumen por el simple hecho de ser real. De masticatione mortuorum in tumulis, el escrito que Michaël Ranft imaginó en 1725, constituye uno de los hallazgos más felices de toda la literatura. Su autor fue un pastor luterano licenciado en Filosofía, de pluma fácil y múltiples intereses, que encontró en esta obra el éxito de su vida, hasta el punto de tener que ampliarla en sucesivas ediciones.
En aquella época creían que algunos cadáveres no se resignaban a permanecer inmóviles en sus tumbas. Un extraño apetito les obligaba a roer sus mortajas…Lee más...
El otro Shakespeare
09/09/09 21:24

La guerra mágica de Monsieur Berbiguier
03/09/09 00:52

Nuestro gentilhombre era de buena familia, y no fue hasta cumplidos los treinta cuando abandonó su pueblo natal de Carpentras para establecerse en Aviñón. Allí contrató como criada a una muchacha llamada Jeanneton, que no tardó en proponerle una tirada de cartas del tarot. Berbiguier se avino de mala gana a tratar con una adivinadora apodada la Mançot, y participar en lo que parecía una inofensiva sesión de magia doméstica a base de…Lee más...
