Los tentadores papeles de Beale
11/05/09 16:33

El nueve de mayo, una carta de Beale añadía más picante a todo aquel extraño asunto:
"…por favor, guarde la caja con cuidado por diez años a partir de la fecha de esta carta, y si ni yo, ni alguien con mi autorización, pedimos su devolución durante este tiempo, ábrala, lo que podrá hacer rompiendo la cerradura. Encontrará, además de los papeles dirigidos a usted, otros papeles que serán incomprensibles sin la ayuda de una clave. Esa clave la he dejado en manos de un amigo, sellada y dirigida a usted, y con instrucciones de que no se entregue hasta junio de 1832. Con ella comprenderá totalmente todo lo que tendrá que hacer."
Morriss esperó los diez años pactados a que volviera Beale, y después aguardó la llegada de la carta anunciada, pero nada ocurrió. La misteriosa caja permaneció somnolienta en su esquina, alimentándose del polvo durante 25 años, hasta que un providencial día el honrado Morriss se armó de valor, levantó un martillo y forzó lo que con tanta paciencia había custodiado. La recompensa fueron tres hojas cubiertas de números incomprensibles y una carta escrita en cristalino inglés. Contaba una expedición de caza en 1817 a la lejana ciudad de Santa Fe, bendecida con el descubrimiento de una rica veta de oro que Beale y sus 29 compañeros se apresuraron gozosos a explotar. Cuando hubieron reunido un montón considerable, Beale transportó aquella fortuna al civilizado este para esconderla; así visitó por primera vez el Hotel Washington. La siguiente temporada también fue provechosa y otra montaña dorada aguardaba el viaje, pero alguien pensó que tal vez fuera buena idea escribir un mensaje, pues un desastre podría aniquilar a todo el grupo. Rondaban los Cheyennes, y había hombres con ese extraño brillo en los ojos que sólo transmite la fiebre del oro. Las tres hojas con números explicaban todo. La primera describía la ubicación del tesoro, la segunda lo detallaba y la tercera consignaba quiénes eran sus legítimos propietarios.

Buscadores de oro, hacia 1850

La famosa página con la cifra del escondrijo del tesoro
De todos los metales, sólo el oro provoca ese efecto en el ser humano. Los inmunes a la fiebre explican que la historia de los papeles tiene que ser falsa, pero los mordidos por el mal sienten hervir su sangre, y sueñan de continuo en ese color concreto. No es avaricia, sino algo mucho más profundo y devorador, porque no piensan en dilapidar el tesoro, sino en poseerlo como se posee a una mujer hermosa, en un sentimiento muy parecido al amor. Desde la aparición de los tentadores papeles de Beale muchos hombres han sacrificado su vida, su hacienda y su matrimonio para desentrañarlos. Estrictos pastores metodistas, comerciantes, granjeros, todos han invertido largas noches de insomnio en analizar la cifra de Beale sin éxito. Cientos de vidas dilapidadas en el sueño abrasador de romper un código irrompible. Todavía hoy los propensos a la fiebre excavan aquí y allá, en la esperanza de triunfar donde tantos han fracasado. En 1983 una pareja fue detenida por cavar en un sepulcro del cementerio de la iglesia de Mountain View en mitad de la noche. Otros han usado dinamita para volar cada peña sospechosa del condado. Algunos, más sibilinos, han contratado médiums y espiritistas en su búsqueda. Nadie ha encontrado nada aún…
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