El obsesivo Codex Seraphinianus

La legendaria primera edición del Codex Seraphinianus
Un domingo mediado el año 1976, Luigi Serafini cogió unos lápices de colores, empezó a dibujar y observó sorprendido el resultado. Aquello fue el inicio de una enciclopedia universal que se desarrolló durante treinta meses en su pequeño apartamento romano, y fue creciendo rigurosa, desde zoología y botánica a medicina y lingüística. Lo peculiar es que no se trataba de una enciclopedia de nuestro mundo, sino de un extraño universo paralelo en el que las cosas son parecidas a las de nuestro lado del espejo, pero su significado puede estar temiblemente alejado del que creemos estar viendo. Vemos hombres –si es que son hombres– que transmutan en máquinas o animales. Asistimos a extrañas cópulas con finales imposibles. Contemplamos operaciones quirúrgicas de transplantes, o tal vez partos, o tal vez asesinatos rituales…

El autor, Luigi Serafini

Cuando Serafini concluyó cincuenta páginas de las más de 500 que llegaría a tener su códice, comenzó a recorrer todas las editoriales de Italia para publicar su libro. Todas negaron el proyecto, atrincheradas en su basto y reconocido conocimiento del mercado literario. No es extraño, pues es el gremio que ha rechazado publicar Por el camino de Swann, Los Buddenbrock, La familia de Pascual Duarte, Cien años de soledad, Dublineses o Lo que el viento se llevó. Una tarde de verano de 1978 los dibujos llegaron a la editorial de Franco Maria Ricci, que en un arranque de genio decidió publicar en 1981 una lujosa edición de 4.000 ejemplares encuadernada en seda negra, protegida por un estuche y dividida en dos volúmenes. El primero fue dedicado a las ciencias naturales y el segundo a las sociales. Los ejemplares de esa fastuosa tirada son piezas codiciadas por lectores de todo el mundo, que están dispuestos a pagar auténticas fortunas por el derecho a poseerlas.

Muchos alaban el sentido del humor que contiene el Codex. A mi me produce una indefinible sensación de horror, con sus páginas acerca de la antigravedad o sus arcos iris líquidos. Puede ser una parodia de las enciclopedias medievales, o un informe alienígena que intenta explicar a los suyos las incomprensibles costumbres de nuestro mundo. Yo temo que sea el libro de un sitio real, donde el asesinato sea una forma de bondad o la buena educación, un crimen. Si el universo es lo suficientemente grande, en este preciso instante hay un doble tuyo que está leyendo estas mismas palabras. Tal vez tu gemelo piense lo mismo que ahora piensas, lector, o puede que se levante de su silla y salga de la habitación. Si el espacio es infinito, las dos alternativas son simultáneas porque incluso los hechos más improbables tienen lugar en algún sitio. Es matemáticamente seguro que nuestro otro yo reflexione acerca de este escrito a una distancia de 10 elevado a 1028 metros de aquí. No es metafísica, sino una consecuencia inexorable, pues todo acaba por repetirse cuando los dados se echan el necesario número de veces. Por eso, es probable que el mundo serafiniano también exista. Consuélate pensando que nunca entrarás en contacto con él, excepto en las páginas de este libro.
