La guerra mágica de Monsieur Berbiguier

Los hay desgraciados, tremendamente desgraciados y luego está la triste historia de Alexis Berbiguier. Calvino afirmaba que hay hombres condenados desde su nacimiento. Hombres como yo o tal vez como tú, lector. Y tanto da lo que hagan, sientan o piensen, que acabarán aullando en el fuego eterno del infierno. Un católico encontrará esta idea difícil de digerir. Digamos entonces, para que todos lo entiendan, que Alexis Berbiguier estaba maldito. Y tampoco estaba loco. No señor. De crío, nada distinguía su llanto del de los demás. Cuando jugaba con otros niños, cuando besó a su primera novia, en todo era igual a nosotros. Su vida transcurría vulgar hasta que aquello sucedió.

Nuestro gentilhombre era de buena familia, y no fue hasta cumplidos los treinta cuando abandonó su pueblo natal de Carpentras para establecerse en Aviñón. Allí contrató como criada a una muchacha llamada Jeanneton, que no tardó en proponerle una tirada de cartas del tarot. Berbiguier se avino de mala gana a tratar con una adivinadora apodada la Mançot, y participar en lo que parecía una inofensiva sesión de magia doméstica a base de…Lee más...
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