16/01/10 21:50
Uno se sienta ante la inmensa planicie del papel blanco y convoca gente. Les imagina un rostro y un carácter, piensa en el color de sus cabellos o en sus gustos a la mesa. A veces cavila cómo fueron sus padres o los hijos que tendrán, las pequeñas cosas que les hace felices y las grandes que detestan profundamente. Entonces los engranajes ruedan y de pronto algo hace clic, sabes que ahí hay algo, y empiezas a escribir. Siempre ha sido así.
Swift utilizó el mismo procedimiento para enviar al cirujano Lemuel Gulliver a la isla flotante de Laputa, donde imaginó una sociedad tan avanzada que ningún descubrimiento científico les estaba vedado. Uno de los muchos hallazgos de sus habitantes fueron dos pequeños satélites que orbitan alrededor de Marte. Describieron también su tamaño aproximado y su trayectoria, y se acercaron sorprendentemente a la realidad ciento cincuenta años antes de que fueran descubiertos. Hoy llamamos a esas dos lunas Fobos y Deimos…
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18/11/09 23:37
Nadie niega que Dipendra Bir Bikram Shah fuera un romántico. Adoraba
Romeo y Julieta, y cuentan que era capaz de recitar de memoria largos pasajes con la mirada perdida en el vacío. En Verona contempló escandalizado cómo largas filas de turistas profanaban el balcón de la pareja, y juró a su sombra que el verdadero amor no debía doblegarse ante nada. No tenía nada de extraño. Dipendra era como un príncipe de cuento. Algún día reinaría en el remoto Nepal y su pueblo se postraría ante él, igual que reverenciaba a su padre, a quien tenía por Vishnú encarnado. Como en las leyendas, como en
Macbeth, una profecía agobiaba los hombros del joven príncipe. No podía casar antes de los treinta y cinco años o un gran desastre asolaría el reino. Pero Virendra era joven y enamoradizo, y el destino quiso que conociera en una fiesta a la hermosa Debyani Rana mientras estudiaba en Inglaterra. La bella pertenecía a un clan enemigo…
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27/07/09 16:25

En 1653, Sabbatai Zevi, uno de tantos mesías que el pueblo de Israel se ha dado, decidió afirmar su autoridad casándose con los Rollos de la Ley. La boda se celebró en Salónica ante numerosos testigos, y mientras la Torá aguardaba impaciente a su esposo vestida de novia, Sabbatai deslizó el anillo en uno de los rodillos que sirven para desplazar el texto. Es el único caso que se recuerda de un hombre casado con un libro, y no ante un libro. Con ser mucho, no es nada comparado con la devoción que Frederic R. Marvin guardó a su favorito. Exigió que tras su muerte abrieran su pecho, y bajo las costillas, bien cerca de su corazón, enterraran cierto pequeño volumen que había atesorado durante largos años…
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