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Nadie niega que Dipendra Bir Bikram Shah fuera un romántico. Adoraba
Romeo y Julieta, y cuentan que era capaz de recitar de memoria largos pasajes con la mirada perdida en el vacío. En Verona contempló escandalizado cómo largas filas de turistas profanaban el balcón de la pareja, y juró a su sombra que el verdadero amor no debía doblegarse ante nada. No tenía nada de extraño. Dipendra era como un príncipe de cuento. Algún día reinaría en el remoto Nepal y su pueblo se postraría ante él, igual que reverenciaba a su padre, a quien tenía por Vishnú encarnado. Como en las leyendas, como en
Macbeth, una profecía agobiaba los hombros del joven príncipe. No podía casar antes de los treinta y cinco años o un gran desastre asolaría el reino. Pero Virendra era joven y enamoradizo, y el destino quiso que conociera en una fiesta a la hermosa Debyani Rana mientras estudiaba en Inglaterra. La bella pertenecía a un clan enemigo…
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