El otro Shakespeare

ireland
William Henry Ireland echó a andar con mal pie. Su hermano gemelo murió al poco de nacer y desde entonces su padre, el señor Samuel Ireland, acostumbró a llamar al superviviente con el nombre del difunto. Empezar a vivir con un nombre prestado no dice mucho a favor del cariño que se le supone a un padre. Un día el niño volvió a casa con una nota de su maestro en la que decía que era demasiado estúpido para desperdiciar dinero en su educación. Aquel disgusto fue la confirmación de lo que ya sabían en casa: William era tonto. Un tipo de tonto, además, del que nunca podrían esperar nada provechoso. El padre no ocultaba su decepción, y uno adivina el ansia del adolescente al que todo le sale mal en su afán de agradar. Sintiendo haber cumplido con su deber, Samuel Ireland desterró a William al bufete del señor Bringley, donde le esperaba una larga y tediosa vida como escribiente…Lee más...