Nevermore!

Perdóname cierto cambio de planes, amigo lector, pero no podía dejar pasar la ocasión. Sabrás por otros –y si no lo sabes, yo te lo cuento–, que este mes de enero se ha cumplido el 201 aniversario del nacimiento de Edgar Allan Poe. Escritores borrachos ha habido muchos. Algunos, como Jack London, Bukovski o Scott Fitzgerald, hubieran sido capaces de tumbar a nuestro hombre en una competición de habérselo propuesto. Sin embargo, Poe es el más famoso, y aunque hay quien opina que murió de rabia y no vencido por el delirio alcohólico, su reputación le persigue hasta la tumba.
Fue enterrado un ocho de octubre a las cuatro en el bonito cementerio de la Iglesia de Westminster, en Baltimore. Sabemos que la tarde fue gris y destemplada, y la comitiva, escasa. El reverendo que ofició el funeral paseó la vista por el pequeño grupo que permanecía ante él, sopesó su entusiasmo y decidió suprimir el sermón para que todos pudieran regresar a sus casas cuanto antes. A una seña suya el ataúd de caoba descendió al hoyo y la diminuta comitiva se desperdigó como arrastrada por el viento. Toda la ceremonia transcurrió en apenas tres minutos…
Acerca del Necronomicón
Aquel grupo de corresponsales empezó a imaginar libros que nunca fueron, para distraer el tedio de una realidad que les agobiaba. Algunos resultaron auténticos, como De Masticatione Mortuorum in Tumulis, libro de formidable título incapaz de ser ignorado. Otros salieron de la nada, como el Libro de Eibon…Lee más...
Horror en el teatro

Nació como capilla de convento, cuando el lugar todavía era suburbio y los caminos, barro y tierra pisada. Fue luego taller de herrero y estudio de pintor. Por fin, cuando sus paredes estuvieron saturadas de aquellas presencias, la casa convocó a su próximo inquilino. El secretario de la policía y escritor Oscar Méténier sintió la llamada en 1897, y convirtió en teatro aquella extraña construcción…Lee más...
Donde duerme el gran Cthulhu

Todo empezó con un sueño. Lovecraft los alentaba, los cultivaba. Como si el único momento que mereciera vivirse fuera aquel en el que el cuerpo parecía muerto.
Lee más...Me encontraba en un museo de antigüedades en algún lugar de Providence, charlando con el director, un anciano estudioso. Intentaba venderle un extraño bajorrelieve que había modelado yo mismo en arcilla. El anciano se rió y me preguntó qué pretendía intentando vender algo nuevo hecho por mí a un museo arqueológico… Le conteste: “¿Por qué dice que es nuevo? Los sueños de los hombres son más antiguos que el ominoso Egipto, la contemplativa Esfinge o la Babilonia adornada de jardines, y esto fue modelado en mis sueños”. Entonces el director me hizo mostrarle la escultura, cosa que hice. Era un relieve del antiguo Egipto que, aparentemente, retrataba unos sacerdotes de Ra en procesión. El hombre pareció sacudido por el horror y me preguntó en un terrible susurro “¿QUIÉN ES USTED?”. Le conté que me llamaba H. P. Lovecraft… Replicó, “No, no. ¡Antes que eso!”…
