La lucha contra Mi lucha

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¿Qué pensarías de un hombre que adoraba a su madre más que a nadie en el mundo? Alguien a quien le gustaban los niños, los paseos por el monte y los perros. Que no soportaba el tabaco ni permitía que fumaran en su presencia. Apasionado por los coches, aunque no sabía conducir. Una persona incapaz de irse a dormir antes de las dos o las tres de la mañana, avergonzada de necesitar gafas y vegetariana. Podrías sentir cierta simpatía por alguien así, incluso podrías llegar a ser su amigo antes de saber que ese hombre fue Adolf Hitler. Valgan estas líneas para explicar que no fue un demonio sino una persona, aunque nos tiente negar su condición humana para rechazar cualquier parecido con nosotros. Es la dulce tranquilidad de creernos inocentes. Pero Hitler estaba hecho de carne y de sangre, como tú y como yo, y persiguió sus propios errores hasta el final…Lee más...

Un asunto tenebroso

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Ignoramos si los muertos nos prestan mucha atención, lo que es seguro es que los vivos los vigilamos de reojo. Nos fascinan por su estado mineral y esa mezcla de tozudez y resignación. Nos atrae su porción de eternidad recién adquirida. Cavilamos sobre sus nuevos gustos y costumbres, tal vez delicados o tal vez repugnantes. Nos preguntamos a qué dedican sus interminables horas tumbados, ahora que son dueños del tiempo, siempre acostados boca arriba, escuchando el levísimo crujido de las tablas y el lento acomodo de la tierra en las grietas del ataúd. Y si aún aman, odian o padecen. Esta historia va por ellos…

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Tres asesinatos literarios

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La pluma es más letal que la espada. A diferencia de ésta, las palabras pueden matar en la distancia o en el tiempo, como la magia, y si son lo suficientemente venenosas, incluso pueden secar el alma de su víctima, condenándola para siempre. A veces, las palabras también dan la vida y alumbran nuevas personas de papel que echan a andar por el mundo, más verdaderas que las de carne y hueso.

Arthur Conan Doyle no sabía de la misteriosa potencia de las letras cuando creó como divertimento a Sherlock Holmes en 1887. Al principio acogió con una sonrisa las muestras de cariño que recibía por las andanzas de su nuevo hijo, pero con los años Doyle se sintió prisionero en la tarea de imaginar todo un mundo para lucimiento del detective. "Sherlock, Sherlock… –refunfuñaba– Me carga hasta su nombre". La revista Strand exigía ansiosa más y más aventuras de Holmes, hasta que Doyle resolvió plantarse. Exigió una cifra exorbitante para que le dejaran en paz, y para su sorpresa, Strand aceptó. Doyle se enfrentó a la secreta decepción de ser el autor en lengua inglesa mejor pagado de su época, mientras sufría la tortura cotidiana de convivir con aquel hijo odioso…Lee más...

Acerca del Necronomicón

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Empezamos por un desengaño: el Necronomicón no existe. Lo soñó un pobre hombre, un solitario, que en 1922 incluyó por primera vez aquel libro imaginario en un cuento titulado El sabueso. Lovecraft era capaz de responder con larguísimas epístolas a cualquier admirador adolescente que le escribiera. Era su forma de relacionarse con el mundo, porque ahí podía demostrar su sentido del humor, su simpatía secreta, sus vastos saberes. Más de sesenta mil cartas lo demuestran.

Aquel grupo de corresponsales empezó a imaginar libros que nunca fueron, para distraer el tedio de una realidad que les agobiaba. Algunos resultaron auténticos, como De Masticatione Mortuorum in Tumulis, libro de formidable título incapaz de ser ignorado. Otros salieron de la nada, como el Libro de EibonLee más...

Donde duerme el gran Cthulhu

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Todo empezó con un sueño. Lovecraft los alentaba, los cultivaba. Como si el único momento que mereciera vivirse fuera aquel en el que el cuerpo parecía muerto.

Me encontraba en un museo de antigüedades en algún lugar de Providence, charlando con el director, un anciano estudioso. Intentaba venderle un extraño bajorrelieve que había modelado yo mismo en arcilla. El anciano se rió y me preguntó qué pretendía intentando vender algo nuevo hecho por mí a un museo arqueológico… Le conteste: “¿Por qué dice que es nuevo? Los sueños de los hombres son más antiguos que el ominoso Egipto, la contemplativa Esfinge o la Babilonia adornada de jardines, y esto fue modelado en mis sueños”. Entonces el director me hizo mostrarle la escultura, cosa que hice. Era un relieve del antiguo Egipto que, aparentemente, retrataba unos sacerdotes de Ra en procesión. El hombre pareció sacudido por el horror y me preguntó en un terrible susurro “¿QUIÉN ES USTED?”. Le conté que me llamaba H. P. Lovecraft… Replicó, “No, no. ¡Antes que eso!”…

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De un cobarde autor y su valiente libro

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Corría el año de gracia de mil cuatrocientos setenta y pico cuando a Pedro de Osma, hasta entonces un devoto catedrático de Teología de la Universidad de Salamanca, le dio por pensar que la Iglesia podía errar en cuestión de fe, que algunos Papas fueron herejes y que los pecados mortales se borraban únicamente por el arrepentimiento. Escribió éstas y muchas otras perlas en un libro que llamó De confessione, y luego comenzó a leerlo con voz solemne y campanuda allá en lo alto, desde su cátedra; muchos le oyeron y creyeron y ya no quisieron confesión, pues decían que ya no había sino nacer y morir.

Cuando el arzobispo de Toledo supo de aquello, fue preso de santa ira y pidió bula al papa para poder juzgar y condenar aquel maldito libro y al hereje que lo parió. Y así, fue que todos en el palacio arzobispal…Lee más...

Libros demasiado humanos

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Los libros encuadernados en piel humana existen. No te extrañes. El hombre es un material muy aprovechable. Somos bestia de carga y herramienta, nuestra carne es comestible. Desde que nacemos maquinamos cómo utilizar al otro. Sólo era cuestión de tiempo que ese otro curtiera nuestra piel para descubrir así un cuero tan flexible y resistente como el del cerdo. Y los libros han vestido tantos ropajes… incluso piel de serpiente, morsa o tiburón.

Los ingleses, utilizando esa lógica insular que les da fama de excéntricos, bautizaron la afición a forrar libros con pellejos del prójimo como encuadernación antropodérmica. Un feliz hallazgo para definir el más exquisito sibaritismo o el simple mal gusto. Poca cosa queda hasta el siglo XVIII, apenas algunos pellejos resecos en alguna iglesia o museo. Fue en el Siglo de la Razón cuando…Lee más...

A modo de introducción

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LECTOR, si hallas
algo que te ofenda
en este modestísimo librito,
no te maravilles. Porque DIVINO,
y no humano,
es lo que no tiene falta.Lee más...