La lucha contra Mi lucha

Un asunto tenebroso

Ignoramos si los muertos nos prestan mucha atención, lo que es seguro es que los vivos los vigilamos de reojo. Nos fascinan por su estado mineral y esa mezcla de tozudez y resignación. Nos atrae su porción de eternidad recién adquirida. Cavilamos sobre sus nuevos gustos y costumbres, tal vez delicados o tal vez repugnantes. Nos preguntamos a qué dedican sus interminables horas tumbados, ahora que son dueños del tiempo, siempre acostados boca arriba, escuchando el levísimo crujido de las tablas y el lento acomodo de la tierra en las grietas del ataúd. Y si aún aman, odian o padecen. Esta historia va por ellos…
Lee más...Tres asesinatos literarios

Arthur Conan Doyle no sabía de la misteriosa potencia de las letras cuando creó como divertimento a Sherlock Holmes en 1887. Al principio acogió con una sonrisa las muestras de cariño que recibía por las andanzas de su nuevo hijo, pero con los años Doyle se sintió prisionero en la tarea de imaginar todo un mundo para lucimiento del detective. "Sherlock, Sherlock… –refunfuñaba– Me carga hasta su nombre". La revista Strand exigía ansiosa más y más aventuras de Holmes, hasta que Doyle resolvió plantarse. Exigió una cifra exorbitante para que le dejaran en paz, y para su sorpresa, Strand aceptó. Doyle se enfrentó a la secreta decepción de ser el autor en lengua inglesa mejor pagado de su época, mientras sufría la tortura cotidiana de convivir con aquel hijo odioso…Lee más...
Acerca del Necronomicón
Aquel grupo de corresponsales empezó a imaginar libros que nunca fueron, para distraer el tedio de una realidad que les agobiaba. Algunos resultaron auténticos, como De Masticatione Mortuorum in Tumulis, libro de formidable título incapaz de ser ignorado. Otros salieron de la nada, como el Libro de Eibon…Lee más...
Donde duerme el gran Cthulhu

Todo empezó con un sueño. Lovecraft los alentaba, los cultivaba. Como si el único momento que mereciera vivirse fuera aquel en el que el cuerpo parecía muerto.
Lee más...Me encontraba en un museo de antigüedades en algún lugar de Providence, charlando con el director, un anciano estudioso. Intentaba venderle un extraño bajorrelieve que había modelado yo mismo en arcilla. El anciano se rió y me preguntó qué pretendía intentando vender algo nuevo hecho por mí a un museo arqueológico… Le conteste: “¿Por qué dice que es nuevo? Los sueños de los hombres son más antiguos que el ominoso Egipto, la contemplativa Esfinge o la Babilonia adornada de jardines, y esto fue modelado en mis sueños”. Entonces el director me hizo mostrarle la escultura, cosa que hice. Era un relieve del antiguo Egipto que, aparentemente, retrataba unos sacerdotes de Ra en procesión. El hombre pareció sacudido por el horror y me preguntó en un terrible susurro “¿QUIÉN ES USTED?”. Le conté que me llamaba H. P. Lovecraft… Replicó, “No, no. ¡Antes que eso!”…
De un cobarde autor y su valiente libro

Cuando el arzobispo de Toledo supo de aquello, fue preso de santa ira y pidió bula al papa para poder juzgar y condenar aquel maldito libro y al hereje que lo parió. Y así, fue que todos en el palacio arzobispal…Lee más...
Libros demasiado humanos

Los ingleses, utilizando esa lógica insular que les da fama de excéntricos, bautizaron la afición a forrar libros con pellejos del prójimo como encuadernación antropodérmica. Un feliz hallazgo para definir el más exquisito sibaritismo o el simple mal gusto. Poca cosa queda hasta el siglo XVIII, apenas algunos pellejos resecos en alguna iglesia o museo. Fue en el Siglo de la Razón cuando…Lee más...
A modo de introducción

algo que te ofenda
en este modestísimo librito,
no te maravilles. Porque DIVINO,
y no humano,
es lo que no tiene falta.Lee más...
