La lucha contra Mi lucha

¿Qué pensarías de un hombre que adoraba a su madre más que a nadie en el mundo? Alguien a quien le gustaban los niños, los paseos por el monte y los perros. Que no soportaba el tabaco ni permitía que fumaran en su presencia. Apasionado por los coches, aunque no sabía conducir. Una persona incapaz de irse a dormir antes de las dos o las tres de la mañana, avergonzada de necesitar gafas y vegetariana. Podrías sentir cierta simpatía por alguien así, incluso podrías llegar a ser su amigo antes de saber que ese hombre fue Adolf Hitler. Valgan estas líneas para explicar que no fue un demonio sino una persona, aunque nos tiente negar su condición humana para rechazar cualquier parecido con nosotros. Es la dulce tranquilidad de creernos inocentes. Pero Hitler estaba hecho de carne y de sangre, como tú y como yo, y persiguió sus propios errores hasta el final…Lee más...
0 Comments

Acerca del Necronomicón

Empezamos por un desengaño: el Necronomicón no existe. Lo soñó un pobre hombre, un solitario, que en 1922 incluyó por primera vez aquel libro imaginario en un cuento titulado El sabueso. Lovecraft era capaz de responder con larguísimas epístolas a cualquier admirador adolescente que le escribiera. Era su forma de relacionarse con el mundo, porque ahí podía demostrar su sentido del humor, su simpatía secreta, sus vastos saberes. Más de sesenta mil cartas lo demuestran.

Aquel grupo de corresponsales empezó a imaginar libros que nunca fueron, para distraer el tedio de una realidad que les agobiaba. Algunos resultaron auténticos, como De Masticatione Mortuorum in Tumulis, libro de formidable título incapaz de ser ignorado. Otros salieron de la nada, como el Libro de EibonLee más...
0 Comments